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Cómo (no) tuitear conferencias

28 may

La avalancha de conferencias, jornadas, seminarios y eventos que sacude a la comunidad documental, y la popularización de twitter como arma de difusión masiva de lo que en ellas se dice me ha sugerido esta entrada, algo alejada de los temas que aquí trato. La idea es mejorar la difusión de los eventos, tomando algunas pocas precauciones, para hacer más efectiva la comunicación, y no torturar a los sufridos seguidores de conferencias via twitter.

Vaya por delante mi aprecio a la gente que va a seminarios, foros y conferencias y se molesta en difundir lo que en ellas se dice a las personas que no pueden asisitir. Me parece una excelente herramienta para estar actualizado sin necesidad de salir de la casa o del despacho, o de abandonar el quehacer diario. Pero creo que hay dos aspectos francamente mejorables, la elección de hashtags o etiquetas, y lo relativo a los usarios, tanto los transmisores de conferencias como los mencionados como ponentes.

Hashtags

hash tagUna herramientas imprescindible es el hashtag, etiqueta o palabras clave de un evento. De un tiempo a esta parte los organizadores de los eventos anuncian junto al programa y demás detalles de la conferencia el hashtag bajo el que se podrá seguir en twitter el evento. Esta idea es magnífica y ya son pocas las conferencias que no anuncian la palabra clave que permitirá su seguimiento. Sin embargo, suele haber cierta confusión en su establecimiento. Lo ideal es elegir etiquetas cortas, sin tildes, símbolos, guiones, o números que pudieran confundir a los usuarios que difunden la información. Es decir, cualquier elemento que pueda hacer interferir la comunicación debe ser eliminado.

No hay que olvidar asimismo que en las conferencias se tuitea a alta velocidad, generalmente desde dispositivos de reducido tamaño, por lo que la elección de hashtags largas o con símbolos retrasan y complican el tuiteo. Además llevan a confusion. Dos ejemplos recientes (no se me molesten) son #iconobibliometría y #ANECA_CNEAI_US Ambas son excesivamente largas y hacen uso de símbolos; en el primer caso de tildes (twitter trata las palabras con tilde y sin ella en la misma búsqueda, por lo que no es necesario, ya que retrasa al que escribe), y en el segundo por el uso de guiones bajos. No hay que olvidar además que estamos limitados a los 140 caracteres de rigor por lo que los 18 del primer hashtag y los 15 del segundo se antojan excesivos.

Asimismo hay que evitar la inclusión de fechas en la etiqueta, ya que llevan a confusión. Un ejemplo ocurrió en las pasadas jornadas CRECS, donde se tuiteó con las etiquetas #crecs2012 y #crecs12, así como #crecs. Ésta última parecía, desde luego, la más adecuada.

Usuarios

A medida que académicos y bibliotecarios se van haciendo con un hueco en twitter, es frecuente ya que el ponente tenga una cuenta en la red social, y que los transmisores de la conferencia le citen por su nombre de usuario en la misma. Esto, además de ser un poco fatigoso para seguirlo, consume una buena cantidad de caracteres (los usuarios más nuevos además tienden a tener nombres más largos), y deja menos espacio para transmitir el mensaje. Una buena práctica es citarlo al comienzo del evento

“Comienza la conferencia de @fulanitopalotes en #crecs”

y luego mencionarlo por sus iniciales

“No hay bibliómetra bueno – Polémico, como siempre, FP en #crecs”

Si se cita al usuario nunca hay que hacerlo al comienzo del tweet, ya que éste solo lo leerán dicho usuario y los que tengamos en común (además de los que estén siguiendo la hashtag). En este caso se recomienda poner un punto delante del usuario para que el mensaje llegue a todos nuestros seguidores

“.@fulanitopalotes dice que no hay bibliómetra bueno #crecs”

Finalmente, si somos asiduos retransmisores de conferencias, es muy buena práctica crear una cuenta exclusivamente para la difusión de los eventos, de modo que no torturemos a nuestros seguidores con decenas de tuits en unos pocos minutos. Esto lo hace por ejemplo, con muy buen tino Dídac Margaix desde @dma_jornadas, y menciona lo más relevante desde su cuenta principal @didacm. En cualquier caso si sigues a usuarios que te inundan el timeline, herramientas como Tweetdeck permiten excluir determinadas hashtags o a usuarios hiperactivos.

De nuevo, espero que nadie se haya molestado con esta entrada. Probablemente estos consejos no sean nada originales, pero creo que tomando estas pequeñas precauciones, la difusión de congresos y seminarios en el área de Documentación sería mucho más efectiva.

El lado oscuro de la ciencia: editoriales, revistas y conferencias fraudulentas

2 nov

Uno de los aspectos más oscuros de la publicación académica es la proliferación de editoriales, revistas y congresos “científicos” cuya única y exclusiva finalidad es sacar partido económico de las necesidades de publicación (y de los pocos escrúpulos, a veces) de académicos, opositores y concursantes a plazas varias en la administración pública. Aunque lo enmascaren, estas publicaciones no tienen ningún control de calidad científico, y sin embargo en ocasiones son validados por algunas administraciones en sus concursos. Así, por ejemplo hace unos meses salía a la luz los tejemanejes de academias de oposiciones que ofrecían la publicación de capítulos de libros a los sufridos opositores, lo que le contaba como mérito en las oposiciones (aquí tenéis un foro donde se promocionan estas editoriales “patera”).

Fake Science - Protect Against HangoversTambién es frecuente que (dado que no hay listados consensuados de editoriales de prestigio) existan algunas que publican todo lo que les llega por un módico precio. Esto lógicamente no es ilegal, pero tampoco es científico. En Alemania las bibliotecas universitarias se han puesto las pilas ante este fenómeno y están elaborando listados de editoriales que no aplican revisión científica a fin de evitar la compra de estos libros, y de que no computen a efectos de valoración académica. En el blog copy shake and paste podemos encontrar un listado de editoriales que incurren en estas prácticas y de casos concretos muy exóticos.

Con la facilidad para publicar de forma electrónica, este fenómeno también ha saltado a las revistas científicas, que bombardean a los pobres investigadores con ofertas para publicar en sus revistas, bajo la promesa de una publicación rápida y limpia, que le servirá para progresar en la endiablada carrera académica. Estas revistas guardan tan bien la apariencia que podrían pasar como “serias” en muchos comités de evaluación (y probablemente si uno no es experto en el área o en publicación científica no se daría cuenta de la naturaleza de estas revistas), pero lo cierto es que bajo la modalidad open access  “autor paga” (una verdadera puerta abierta a los abusos) intentan ocultar el nulo rigor de sus publicaciones y hacen un buen negocio (un ejemplo y otro ejemplo, y otro en mi viejo blog).

De nuevo, son muchos los académicos que participan en dicho juego, en muchos casos sin mala fe. Pongamos el caso de un joven investigador al que le ofrecen participar como revisor o formar parte del comité editorial de alguna de estas revistas, o que pueda ver su trabajo publicado en una revista de título rimbombante, en inglés y con toda la apariencia de revista de “calidad”… Esta circunstancia, por lo que veo en los nombres y afiliaciones de artículos y comités editoriales, parece afectar principalmente a países en vías de desarrollo y del tercer mundo poco duchos quizá en el entramado de la publicación científica, y probablemente con unos criterios de evaluación lejos de los países científicamente más avanzados (pero ojo, que también hay norteamericanos, europeos y españoles, claro).

Una variante de esta modalidad es la invitación a participar en congresos científicos. Son varios los blogs que informan de artículos generados automáticamente aceptados para congresos (por ejemplo, este especializado en falsas conferencias del IEEE). En este caso, la aceptación conlleva la inscripción obligatoria al congreso, con lo que la organización ya tiene asegurada un buen dinero, y en muchos casos la publicación posterior en alguna de las revistas de la editorial organizadora del congreso (por la que también habrá que soltar unos cientos de euros en concepto de gastos de publicación), por lo que ya tenemos la cuadratura del círculo vicioso.

Estos casos recuerdan muy a las claras que en cualquier evaluación que se haga, debe haber elementos que permitan valorar la calidad de las constribuciones, y no la mera cantidad de las mismas, ya sea a partir de las fuentes donde se publica o de la evaluación por expertos del trabajo (¡pero que haya algo!). Del mismo modo también anuncia la necesidad de que organismos e instituciones saquen a luz los casos fraudulentos o dudosos que detecten, y elaboren listados de editoriales, revistas, congresos y organizaciones fraudulentas a fin de que sus investigadores no sean engañados por estos timadores ni se dejen tentar por el “lado oscuro” de la publicación científica.

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